diumenge, 18 de desembre de 2011

De alfabetos manuales, haches y errores. (Sobre un artículo de Antonio Gascón)


Pretenc amb aquest article exercir el dret de rectificació respecte d'unes informacions inexactes aparegudes en un altre publicat l'any passat a Cultura Sorda, amb el qual he topat per atzar en aquests dies. El seu destí, doncs, havia de ser per simple qüestió de coherència l’esmentada revista digital. No obstant això, després de 30 dies amb les seves nits en plena era de les telecomunicacions, en ús de la seva potestat de prendre-s'ho amb la calma del son dels justos, Cultura Sorda no l’ha publicat. És per això que el planto aquí.

   Muy bien. El espíritu crítico, entendido como capacidad de escuchar al otro y comparar argumentos, de reflexión y de análisis, debería ser moneda corriente entre investigadores, incluso entre figurantes. Eso pensé cuando, navegando por la net, vi casualmente mi nombre en el título de un artículo de Antonio Gascón.[1] Después, una vez leído, lo que me vino a la cabeza fueron aquellas palabras del Cristo: “¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga que hay en el tuyo?”
     En dicho artículo, el autor califica con razón de “totalmente errónea” la afirmación de que Martí fuera autor presunto del alfabeto manual de 1815, como yo escribí en el comunicado “Un alfabeto manual de 1901”[2] y de “completamente errónea[s]” las noticias que daba en él (“un alfabeto […] que hoy por hoy –decía allí– puede considerarse el más antiguo publicado en Catalunya”), y en el posterior “El alfabeto manual de 1901 recula treinta años”[3], en alusión al que figura en el Manual para uso de los alumnos… de 1871,[4] y lo demuestra mediante la reproducción del alfabeto que se halla en la Guía de los maestros de primera enseñanza...,[5] obra traducida del francés que data de 1865. Esto, que no me constaba cuando escribí aquellos comunicados, es también inobjetable.
     Por todo lo que antecede, llama sobremanera la atención el hecho de que en ese mismo artículo el autor haga a su vez, para empezar, una afirmación no menos errónea. Y yo ya entiendo que los errores suelen ser como los pedos, que sólo molestan los ajenos, pero no es de recibo que en un artículo cuyo único cometido consiste en señalar desaciertos de otro –salvo que lo sea también el de hacerse publicidad–, se cometa uno de tanta magnitud como el de considerar francés el alfabeto de Rispa.
     En efecto, el “alfabeto francés, publicado por Rispa en 1865 […]”, no es francés. Compárense las figuras 1 y 2, reproducción de los alfabetos que se hallan en las obras de Rispa y Valade-Gabel,[6] respectivamente; adviértase la presencia de Ñ y CH en el primero, y de W y H en el segundo; repárese en la distinta configuración, por limitarnos a un solo parámetro, de E, L, O, P, Q, U, Y, Z, etc. Y no se trata de ningún lapsus linguae del autor, que cuando escribe “[la H] sin figura grabada en la obra de Valade Gabel […]”, sólo puede tener delante el alfabeto de Rispa, porque el francés, como puede verse, la da. Y que remacha el clavo concluyendo que “tanto el alfabeto de 1901 como el de 1871 […] provienen directamente […] de la obra anterior de Valade Gabel, la editada en Barcelona en 1865. En resumen aquellos dos alfabetos […] son de origen francés” (!).
     Y sobre el error, la confusión de la gimnasia con la magnesia, cuando el autor alecciona al personal en el sentido de que Rispa “ya daba figura a la letra ‘h’, que Ferrerons echa en falta en su último trabajo, y […] su representación manual era la siguiente: «La letra ‘H’, se hace poniendo la uña del dedo pulgar entre los dientes, separándola de ellos con violencia como queriendo decir nada»”.
     Ocurre que siendo esencialmente visual el modo operativo de la lengua de señas, algo tan continuamente visto como una letra, cuanto más en la escuela, está claro que había de tener “representación manual” y ello con independencia de que sonara o dejara de sonar. Lo que Ferrerons detecta es que la letra no se designaba todavía con una seña lítera (la H tradicional –de Yebra y Juan Pablo, para entendernos–, no estaba disponible porque se había habilitado para designar el dígrafo ch), y que su falta se suplía con la seña conceptual NADA.[7]
     Y, ya francamente inspirado, prosigue Gascón: “Comentario [el de que la letra “H”, se hace poniendo la uña…], que apunta a que Rispa la pudo enseñar perfectamente en Barcelona, aunque no así en Madrid, al no reconocerla como tal, según afirmaba el propio Martí, tal como denuncia en su artículo Ferrerons, un hecho que sin duda debió marcar diferencias entre unos alumnos y otros, en su caso, entre los catalanes y los madrileños.”
     Dejando de lado su lamentable redacción, el comentario a lo que apunta es, “entre los catalanes y los madrileños”, a otro embrollo del autor. ¿A santo de qué no habría podido “enseñar” Rispa en Madrid la seña con que suplir la H proscrita, cuando el profesor Fernández Villabrille, del Colegio Nacional de Sordo-mudos de Madrid, ya había escrito catorce años antes:[8] “Los mudos en vez de ella [H] suelen hacer el signo de nada”?
     En suma, que aunque se lleve “la verdad histórica” en los bolsillos, como parece ser el caso de Gascón, nunca está de más un poco de modestia. Ni, por supuesto, la palabra clara.
  

[1] “No por más recular, se llega siempre a la verdad histórica. Comentarios a dos artículos de Ramón Ferrerons”, Cultura sorda, 2010.
[2] DifuSord, Documentos [en línea], marzo 2002.
[3] DifuSord, sec. Documentos [en línea], septiembre 2010.
[4] Francisco de Asís Valls y Ronquillo, Manual para uso de los alumnos que concurren a la Escuela de Sordo-mudos de Barcelona, arreglado por D[on]..., Barcelona, Ayuntamiento de Barcelona, Establecimiento tipográfico de Jaime Jepús Roviralta, 1871.
[5] Antonio Rispa, Guia de los maestros de primera enseñanza, para empezar la educacion de los sordo-mudos. Obra escrita en francés por Mr. J. J. Valade Gabel, Barcelona, Librería de Juan Bastinos é Hijo, 1865.
[6] J. J. Valade-Gabel, Guide des instituteurs primaires pour commencer l’éducation des sourds-muets par..., Paris, Fd. Tandou et Cie., 1863.
[7] Una arcaica seña NADA, que valía también por SIN, y que en LSC encontramos hoy fosilizada formando parte de la seña enfática NO ENTENDER NADA.
[8] Francisco Fernández Villabrille, Diccionario usual de mímica y dactilología. Util á los maestros de sordo-mudos, á sus padres y á todas las personas que tengan que entrar en comunicación con ellos. Por..., Madrid, Imprenta del Colegio de Sordo-mudos y Ciegos, 1851.

    

Fig. 1. Alfabeto que figura en la Guia de los maestros de primera enseñanza..., de Rispa.


 Fig. 2. Alfabeto que figura en la Guide des instituteurs primaires…, de Valade-Gabel.

Cap comentari:

Publica un comentari